Por qué o cuándo hacer Reiki
Las disciplinas meditativas tienen por objeto alcanzar la felicidad. Reiki actúa siempre que haya un obstáculo entre la persona y sus posibilidades de acceso a la felicidad, ayudándolo a centrarse, a disolver esa molestia y a robustecerse energéticamente. Para hacer un tratamiento no es necesario presentar síntomas específicos, pero si ya los presenta, Reiki demuestra un gran poder de transformación y restauración de la salud física y emocional. También puede realizarse en salud, como parte de una práctica y una actitud meditativas.
El Reiki
Reiki fue canalizado en Japón a principios del Siglo XX. Es una energía de sanación que actúa directamente sobre el cuerpo sutil del individuo, llegando a su cuerpo físico, emocional y mental. Que en términos corrientes significa que enfoca de manera pareja y simultánea la salud física, emocional y la limpieza del cuerpo mental. Lo que es más, se centra en los vínculos entre estas distintas esferas del ser humano. Como resultado esperamos un robustecimiento energético, mayor armonía, una mente más calma, un aprendizaje acerca de los motivos emocionales que generan nuestra condición y, por qué no, una mayor posibilidad de sanación física. Reiki es un arte práctica de sanación a través de elementos meditativos. Es efectivo, es real y está al alcance de todos. Pero ni es una ciencia ni es medicina. Es otra cosa.
No pretende reemplazar otras formas terapéuticas que sí sean clínicas. Es un aporte importantísimo a la salud, además de sumar un enfoque meditativo y quizás filosófico a la cuestión de la salud y de la percepción de la experiencia humana. Esto, a través de una práctica mayoritariamente silenciosa, y a través de un puente invisible, de corazón a corazón, que se da entre quien recibe un tratamiento y el reikista. Toda mejoría se da por una puesta directa en contacto entre la persona y un principio elevado de salud y armonía, y toda transmisión o aprendizaje se apoya no en la mente intelectual, sino en la mente intuitiva o empática. Suena complicado. Pero es una de las técnicas meditativas más sencillas, y en realidad es un buen lugar para empezar este enfoque nuevo.
El tratamiento se basa en sesiones de alrededor de una hora de duración (las mías suelen durar 90 minutos, por combinar también con otras técnicas) en las que el terapeuta en Reiki armoniza a la persona que recibe Reiki a través de la imposición de manos, la relajación y concentración a la vez (esto es lo meditativo), y visualizaciones específicas. Quien recibe la sesión no realiza ninguno de estos esfuerzos, sino que se entrega a la práctica. Y los dos enfoques posibles son aprender la técnica (esto se llama recibir Iniciaciones), o tomar un tratamiento de algunas sesiones. Los tiempos internos de sanación son impredecibles e individuales, pero con todo es un tratamiento breve. Requiere algo de paciencia, pero nos va ofreciendo logros parciales desde el primer contacto.
Se puede esperar un alivio entre la primer y la segunda sesión, y de ahí en adelante se va profundizando hasta el punto en el que se observa un cambio real en el estado de cosas, o la persona está lista para aprender la técnica y realizarla por sí misma. Y todo el mundo puede practicarla, como si se tratara de cocina o cualquier otro arte práctica. Requiere paciencia pero se llega.
Los sistemas de Reiki que ofrezco son las de las escuelas Usui (tradicional y tibetano), Tera Mai, Seichim Sekhem y Karuna. Para quien recibe un tratamiento no hace gran diferencia ni podrá diferenciarlos. Quizás le sea de interés al potencial alumno. Pero de todas maneras, todos deben comenzar por aprender Usui.
Algo fundamental para comprenderlo es que Reiki es, fundalmentalmente, pancultural. No se circunscribe a ninguna cultura. No es un elemento antiquísimo y ancestral de origen japonés y atado a su cultura y folklore. Es nuevo. Sucede que le fue inspirado a alguien que vivía en Japón. Pero luego incluso surgieron otros elementos, recibidos por Maestros occidentales mientras estaban meditando. A esto nos referimos al decir que la técnica fue canalizada. No fue ni desarrollada ni redescubierta. Fue recibida en tiempos recientes por distintas personas alrededor del mundo en un momento de inspiración y meditación. La comprensión de esto se encuentra por fuera del paradigma imperante. Es decir que Reiki también es la puerta de acceso a una realidad distinta, más vasta, más completa, y que cubre cuestiones filosóficas que hacen a la salud emocional.
Reiki es aconsejable para:
Acompañar
todo proceso terapéutico, ya que toda sanación física o mental es también
energética.
Consolidar
en una actitud sana al individuo en todo momento de cambio, ya que aporta paz y
calma las emociones.
Es
también una valiosa herramienta de autoconocimiento, ya que a través de la
interpretación de la situación energética del sujeto
se pueden comprender las conexiones entre distintos aspectos de nuestra vida,
además de favorecer un estado mental meditativo.
No
es necesario decidirse por Reiki por sobre otras de las técnicas, ni saber qué
técnica solicitar. La dinámica de la sesión nos va conduciendo de manera
espontánea e intuitiva a través de Reiki y las otras energías de Sanación.
En suma, el Reiki es una herramienta para mejorar la calidad de vida y encaminarse hacia la salud, y es además el complemento perfecto a todas las formas de medicina y terapias occidentales tradicionales.
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